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La I+D en el mundo de la empresa

La I+D en el mundo de la empresa

El desarrollo científico y tecnológico influye positivamente sobre la tasa de crecimiento y la competitividad externa de los países.

Aunque dicho desarrollo dependa en gran medida de la cantidad de recursos financieros invertidos en I+D, este factor cuantitativo no es el único determinante. Es fundamental, además, que la empresa privada realice actividades de I+D. El economista norteamericano Richard Nelson concluye que la I+D efectuada por empresas privadas, compitiendo con otras de su misma industria, es el motor mismo de la "máquina" del capitalismo moderno. Una de las razones de la eficacia de los laboratorios privados es su capacidad de transformar los nuevos métodos y los conocimientos genéricos de la ciencia moderna en nuevas tecnologías industriales siguiendo indicaciones concretas sobre las necesidades de consumidores y usuarios.

Uno de los problemas de la ciencia y tecnología en España es, precisamente, la escasa aportación realizada por la empresa privada a los gastos de I+D. Se estima que sólo en Madrid y Navarra el esfuerzo empresarial es adecuado, ascendiendo a más del 50% del total. En la UE, en contraste, ese porcentaje asciende a cerca del 63% y, en la OCDE en su conjunto, al 67%. Como porcentaje del total, los investigadores que trabajan en empresas representan alrededor de la mitad en la UE, 66% en la OCDE pero sólo el 26% en nuestro país. De aquí se deduce la necesidad de poner en prácticas medidas que contribuyan a estimular la aportación de la empresa a la I+D.

En España se ha optado principalmente por tomar medidas para animar individualmente a las empresas ya existentes a incrementar sus inversiones en I+D, como los estímulos fiscales o el crédito. Estas medidas son bien conocidas y no insistiremos más en ellas.

En cambio, se ha incidido menos en dos áreas muy importantes:

  • Las instituciones y estructuras capaces de estimular y catalizar la I+D privada a través de la cooperación con otras empresas o con Universidades
  • La creación de empresas de alta tecnología

Debe potenciarse a los catalizadores de la innovación empresarial

En primer lugar nos referiremos a las instituciones y estructuras capaces de dinamizar y catalizar la producción de innovaciones, no sólo porque han tenido gran efectividad en los países de nuestro entorno, sino también porque poseen, en mayor grado que las ayudas individuales, un gran potencial multiplicador en el ámbito empresarial. En particular, destacaremos el papel de las medidas capaces de estimular la interacción entre empresa-empresa y empresa-Universidad. Se trata, en general, de que el Estado actúe indirectamente, reforzando o creando instituciones catalizadoras de la actividad innovadora que sean capaces de interconectar a las compañías. Esta visión procede de la actual concepción de la innovación y el aprendizaje como fenómenos fundamentalmente interactivos y colectivos.

Los ejemplos de cooperación empresarial en aspectos relacionados con la innovación son muy variados pero los modelos más frecuentes son los que siguen:

  • Contratos de subcontratación entre empresas de un mismo sector con repercusiones sobre la innovación
  • Formación de redes de empresas innovadoras que se ponen de acuerdo para poner en común una parte de sus actividades de I+D
  • Cooperación tecnológica entre el fabricante de un equipo y su usuario
  • Cooperación entre una Universidad o centro de investigación y una o más empresas
  • Cooperación a través de asociaciones profesionales que desempeñan un papel activo en el cambio tecnológico de toda una industria (por ejemplo, lanzando nuevos estándares comunes a toda una rama, investigando los usos de determinadas materias primas utilizadas por todas las compañías de un sector, etc.)

Diversos estudios han puesto de manifiesto la importancia que tienen estas formas de cooperación par potenciar la difusión de nuevas tecnologías y la investigación en la empresa. En los países de nuestro entorno, estas actividades cooperativas no han surgido espontáneamente sino que, en general, han sido propiciadas por instituciones privadas o públicas Por ejemplo, las asociaciones profesionales de Silicon Valley han potenciado la formación de redes de subcontratación con gran contenido tecnológico (Saxenian, 1992). Del mismo modo, las redes formadas por equipos de investigadores universitarios y empresas fueron el embrión de la revitalización industrial de numerosas regiones europeas. Así, el área de Cambridge actualmente aglutina a una alta proporción de las empresas británicas de alta tecnología en torno a su prestigiosa Universidad. Las medidas que puedan potenciar la interfaz Universidad/empresa ofrecen buenas posibilidades en un país como el nuestro cuyo tejido industrial está dominado por PYMEs que difícilmente pueden sufragar la investigación en solitario por falta de recursos financieros.

Pese a la importancia constatada de estas fórmulas en los países de nuestro entorno, en el nuestro son aún nulas o claramente insuficientes.

Subcontratación

En nuestro país no se ha potenciado específicamente la subcontratación, como se hace, por ejemplo, en Francia. Sin embargo, en algunos sectores de alta tecnología, como la electrónica, las empresas españolas han formado espontáneamente intrincadas redes de cooperación regional (por ejemplo, en la industria de fabricación de equipo de telecomunicación de la Comunidad de Madrid) (Suárez-Villa & Rama, 1996). En ese caso se ha detectado que las redes informales de ingenieros de telecomunicaciones han tenido gran importancia para promover este tipo de relaciones basadas en la confianza mutua, con sus efectos benéficos sobre la especialización de los establecimientos en diversos productos y tecnologías. La potenciación del papel de las asociaciones profesionales en la dinamización de la subcontratación es posiblemente un camino a seguir en este campo.

Universidad/empresa

Las relaciones de cooperación entre empresas y Universidades son insuficientes en nuestro país. Un informe elaborado para la Comisión Europea (Keeble et al, 1999) muestra que, en la única región española contemplada en el estudio (Barcelona) las relaciones tecnológicas de la empresa privada (especialmente las PYMEs) con las ocho Universidades regionales se encuentran en un nivel bajo, panorama muy diferente al que se observa en las otras nueve regiones estudiadas en el informe, como Cambridge, Oxford, Grenoble, etc.

La Universidad cumple dos cometidos respecto a la industria y la economía. Por un lado, desempeña un papel educativo formando a los ingenieros, abogados y otros profesionales que necesita el mundo de la empresa. Pero también desempeña un papel mucho más directo incidiendo en el corto y medio plazo en el desarrollo de industrias enteras.

En vista de este último papel, y aunque muchas competencias hayan sido transferidas a las CCAA, el Estado tiene un legítimo interés tanto en potenciar la investigación de calidad en las Universidades españolas como en facilitar las relaciones entre éstas y el mundo de la empresa. No nos referiremos aquí a las medidas destinadas a estimular a los equipos investigadores de alta calidad ni a los métodos más efectivos para reclutar a los mejores investigadores porque se han tratado en otros documentos de la AACTE (AACTE 2000).

Nos referiremos, en cambio, a los mecanismos actualmente previstos por la Ley de la Ciencia para regular las relaciones Universidad/empresa, especialmente su artículo 18, porque resultan burocráticos, engorrosos y con frecuencia desaniman al investigador a emprender la cooperación con el mundo empresarial. A ello se suma la ausencia de una política de comunicación interna en las OPIs que permita concienciar al personal administrativo sobre el interés de la cooperación Universidad/empresa para la propia institución. A veces, la cúpula de los OPIs tiene claro que es conveniente estimular estas relaciones pero no ocurre lo mismo con el personal administrativo que debe poner concretamente las medidas en práctica. La idea de que los investigadores puedan recibir una remuneración adicional puede resultarle profundamente extraña a este personal pues carece, a menudo, de suficiente información sobre las directrices generales de política científica y sobre los beneficios concretos que la cooperación entraña para la institución en su conjunto. Esta falta de comunicación tiende a crear aún mayores problemas burocráticos para el investigador deseoso de cooperar con el mundo de la empresa.

Convendría estudiar qué medias se toman en Gran Bretaña y otros países de nuestro entorno para potenciar la cooperación entre las Universidades y el mundo empresarial con el objeto de identificar métodos más ágiles que los puestos en marcha en nuestro país y, en su caso, modificar el artículo 18 de la Ley de la Ciencia. Al mismo tiempo, convendrá estimular la comunicación interna en los OPIs para que exista un mayor grado de cooperación entre el investigador y el personal administrativo en lo que se refiere a los contratos con empresas privadas.

Las asociaciones profesionales

En este caso también se observa el escaso apoyo con que cuentan, en España, las asociaciones profesionales que emprenden la tarea de sufragar gastos de I+D que puedan ser de interés para toda una industria. Existen, no obstante, ejemplos donde este tipo de instituciones ya están cumpliendo espontáneamente con un papel digno de mención en el campo tecnológico. Así, las asociaciones de productores de calzado de la Comunidad Valenciana son un buen ejemplo del papel de las asociaciones en el desarrollo tecnológico de un sector industrial.

Este es otro tipo de iniciativa que el Estado debería potenciar.

Debe potenciarse la creación de empresas innovadoras

Se trata de medidas que estimulan la creación de empresas innovadoras a partir de la aplicación de una nueva tecnología (spin-offs). Un estudio de las Comunidades Europeas, la CICYT y la Generalitat Valenciana, realizado sobre la base de encuestas, llega a la conclusión, sin embargo, que la capacidad del Sistema de Innovación Español para crear empresas es débil. La creación de empresas de base tecnológica es deliberadamente estimulada sólo en algunas CCAA – Aragón, Asturias, Extremadura, Cataluña y País Vasco - , por iniciativa de sus respectivas autoridades locales, pero no en el resto del país.

Este tipo de empresas presenta enormes ventajas en términos de su rápido crecimiento y ritmo de producción de innovaciones, así como en el ámbito de la creación de empleo de alta calidad. Sin embargo, si la nueva empresa se encuentra limitada en su financiación, (una restricción habitual cuando el esfuerzo inicial requerido es grande), y la competencia en el mercado es intensa, entonces la velocidad del proceso de desarrollo puede o no ser superior a la de la empresa establecida. Como habitualmente el efectivo requerido aumenta con el beneficio procedente de la innovación, (puesto que la fase de desarrollo también suele ser más rápida y costosa), la falta de financiación en la fase de desarrollo se constituye en una formidable barrera de entrada para nuevos productos e indirectamente, para empresarios innovadores.

Básicamente, la tecnología de vanguardia vendrá como consecuencia de aprovechar nuevos conocimientos de investigación básica o nuevas ideas con un porcentaje alto de riesgo. En general, el actor inicial del proceso de Spin-off es el investigador. La mayoría de los investigadores españoles están en centros públicos de I+D. Además, son los que pueden permitirse más riesgos a la hora de explorar nuevas tecnologías o para llevar a la práctica conocimientos básicos por tener una actividad investigadora remunerada por el estado sin la urgencia del corto plazo. Por tanto, las políticas de creación de nuevas empresas deberían tener en cuenta los obstáculos que se encuentran limitando los Spin-offs desde OPIs. Para obtener un buen caldo de cultivo en la aparición de empresas de alta tecnología conviene considerar y potenciar los siguientes aspectos:

1) Grupos de investigación de vanguardia y proyectos internacionales. Sea básica o aplicada, la investigación de interés internacional requiere rigor, creatividad y competencia. La internacionalidad de su actividad y contactos internacionales garantiza movilidad y dinamismo, cualidades imprescindibles para la actividad empresarial. Por tanto, no solo es valorable la capacidad de formación de los miembros de grupos competitivos para las empresas de alta tecnología (empleabilidad) sino para la "empresabilidad", cualidades emprendedoras de sus miembros.

2) Proyectos de investigación multidisciplinares. Tanto la ciencia de vanguardia como la alta tecnología requieren equipos de distintas especialidades para desarrollar nuevas ideas y actividades que abran horizontes novedosos. Por ejemplo, en el campo de la Biotecnología, los nuevos retos que supone manejar una cantidad ingente de datos proveniente de la secuenciación de genomas, está necesitando el trabajo coordinado de biólogos, informáticos, matemáticos e ingenieros, para avanzar en el conocimiento biológico y en la aplicación de éste a la medicina, industria química y agroalimentaria. En las últimas convocatorias de los proyectos de I+D nacionales (2000) tenemos noticias de la denegación de subvención a proyectos de I+D de grupos de excelencia, a pesar de hacer el esfuerzo de ir más allá de su línea de trabajo habitual para enfrentarse a nuevos retos de gran demanda futura. Por ausencia de historial en el área, han sido denegadas importantes propuestas, probablemente por científicos de inferior cualificación que no se han movido nunca de su campo. Un investigador que ha demostrado ser competente en distintos laboratorios, es capaz de enfrentarse a nuevos retos y de aportar la visión más amplia sobre un tema desde nuevos puntos de vista. La amplitud de mente y flexibilidad es esencial para empresas que tienen que estar constantemente adaptándose a un entorno cada vez más dinámico. Por tanto, se debe considerar que las propuestas de proyectos de investigación que agrupan distintas disciplinas en el abordaje del problema deben resultar favorecidas en la evaluación, evitando de esta forma la reacción corporativista o inmovilista.

3) Entorno social. El mundo académico suele ser hostil al mundo de la empresa, unas veces puramente por prejuicios, y otras veces porque la búsqueda de rentabilidad, concepto ajeno a la actividad académica pero que genera una presión indeseada sobre el investigador, suele bloquear la interacción. Pero no se debe seguir olvidando que el dinero sufraga la actividad académica. Esta actividad genera conocimientos, el conocimiento genera innovación, y la innovación riqueza cerrando un círculo virtuoso de progreso. Por tanto, el contribuir a la creación de empresas innovadoras como proceso dinamizador económico y social debería identificarse como uno de los mayores éxitos de la labor académica. En la presentación del MIT (Massachusetts Institute of Technology, Cambridge, EEUU; www.mit.edu), se señala que la evaluación de las universidades, centros públicos y el ejercicio político en estos ámbitos debe contemplar la creación de empresas desde la actividad investigadora como función dinamizadora de la sociedad entre sus más importantes consideraciones,

4) Legalidad. Relacionada con el apartado anterior está la ausencia de mecanismos legales para que un investigador funcionario pueda desarrollar una actividad empresarial en su línea de investigación. Esta actividad debería permitirse al menos durante los dos primeros años, que son los que pueden demostrar si la empresa puede ser rentable, o bien dar tiempo a buscar inversores para el Spin-off. Para el personal contratado o becarios de investigación no existe una clara legislación en contra. Por tanto, se podrían aprovechar los investigadores con formación internacional para comenzar proyectos de Spin-off sobre la base de concursos de planes de negocio promovidos desde el estado o desde comunidades autónomas. Sin embargo, ocurre a menudo en los centros públicos que el agujero legal se asume como una prohibición a cualquier actividad de la que no haya experiencia anterior. Dada la poca frecuencia de Spin-off en España, las administraciones de universidades o centros públicos pueden obstaculizar, ante la duda, cualquier iniciativa no contemplada ni a favor ni en contra en la legislación general ni en sus propios estatutos.

5) Fondos privados. Los sistemas de financiación actuales para empresas tipo Spin-off son muy deficientes para realizar pronto la actividad fuera del ámbito de la OPI. El capital riesgo en España, el que suele usar las PYMEs tecnológicas, está poco desarrollado y las mayores empresas españolas no desarrollan en general investigación de vanguardia puesto que no operan en sectores donde carecer de este tipo de investigación equivale a una escasa competitividad (como sería, por ejemplo, la industria biofarmaceútica). La ausencia de interlocutores competentes entre el científico e inversores (personal que entienda de ciencia y de gestión financiera a la vez), también dificulta enormemente la transferencia de los resultados de la investigación en procesos productivos.

6) Fondos públicos. El nuevo Plan Nacional de I+D+I contempla una serie de formas de potenciar la aplicación de los conocimientos derivados de la actividad investigadora pública por medio de la interacción con empresas. Asimismo, se contempla la compatibilidad de la actividad investigadora en proyectos de ciencia básica con la cooperación con empresas. Otro aspecto positivo para animar a la incorporación de las empresas a la actividad investigadora, es la subvención parcial de tecnología por medio de proyectos P4 del Plan Nacional. Sin embargo, la resolución de estos proyectos sufre un retraso considerable e incompatible con la dinámica empresarial, y su futuro en próximas convocatorias de planes nacionales es incierto. Otras formas de financiación actuales como los préstamos CDTI (Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial, www.cdti.es) requieren una cuenta de resultado de tres años, o bien un socio capitalista que proporcione avales, lo que dificulta la concesión a nuevas empresas. El nuevo plan PROFIT (Programa de Fomento de la Investigación Técnica) parece que podría mejorar la situación porque contempla distintos escenarios de investigación industrial, incluyendo proyectos de alto riesgo. Sin embargo, los resultados de la convocatoria del año 2000 han dejado bastante incertidumbre sobre su funcionamiento. La inversión del gasto público en áreas tecnológicas emergentes como la nanotecnología o la genómica es muy escasa. Sirva como ejemplo que la inversión pública en Biotecnología es al menos 60 veces mayor en Alemania, que en España. Incluso en Portugal es un 50% superior a pesar de la menor población (Senker et al. 2000).

7) Oficinas de transferencia de tecnología. Es esencial que la productividad de las OTRIs sea evaluable considerando acuerdos Universidad-empresa, patentes obtenidas, patentes licenciadas, creación de empresas, etc. Los resultados obtenidos deberían traducirse en incentivos que animaran su actividad. Someter las OTRIs a un sistema funcionarial puro provoca la esclerosis de estas instituciones, elementos clave en la creación de empresas desde el sistema público.

Bibliografía

Fdez. de Lucio, I. y Conesa Cegarra, F. (1996), Estructuras de interfaz en el sistema español de innovación: Su papel en la difusión de tecnología, Universidad Politécnica de Valencia, pp 495.

Keeble, D. & Wilkinson, F. (1999), "Networking and collective learning in regionally-clustered hign-technology SMEs in Europe", Final Report, DG XII-TSER, European Commission, March.

Leon, G. (2000), "La creación de empresas de base tecnológica desde el sistema público", SEBBM., pp 12-17.

Saxenian, A. (1992), "Contrasting patterns of business organization in Silicon Valley", Environment and Planing D:Society and Space, , 10, p. 377-391.

Senker, J., Enzing, C., Joly, P.-B. y Reiss, T. (2000), "European exploitation of biotechnology--do government policies help?" Nature Biotech., Vol 18. pp 605-608.

Suárez-Villa, L. & Rama, R. (1996), "Outsourcing, R&D and the pattern of intra-metropolitan location: the electronics industries of Madrid", Urban Studies, vol.33, nº 7, pp 1155-1197.

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